miércoles, 23 de noviembre de 2011
Humo.
A veces siento que el día me está hablando. En su propio lenguaje, claro.
Los pobres pinos de navidad, esperando amontonados en los pasillos de los supermercados, a que llegue alguien a jalarlo de las orejas para asentarlo en un rincón. A veces me siento igual de tiesa que cualquiera de esos pinos. La diferencia es que a ellos se los llevan para hacerles un gran funeral con luces de color, regalos gigantes, banquetes, música y risas.
Honestamente creo que mi vida nunca ha seguido ningún tipo de orden y es mi culpa. Las cosas se encuentran siempre enredadas y fuera de su lugar. Algunas empolvadas, algunas otras rotas y desgastadas. Es un reflejo de mis cosas materiales, definitivamente.
Esta vez, creo que tengo que irme sola.
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